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martes, 22 de noviembre de 2011

: Hermana... ¿Por qué?


Hermana... ¿Por qué?

"¿Por qué?" me preguntó un día mi hermano mayor al escucharme vomitando en el baño. Tuvo que acercarse mucho, supongo, porque yo soy muy silenciosa.
Terminé de enjuagarme la boca antes de voltearme y desafiarlo con la mirada a que me volviera a preguntar.
Él ignoró mi advertencia y repitió "¿Por qué?"
Yo, sin ganas de entablar una pelea, suspiré profundamente y le respondí: "No lo entenderías" seguidamente caminé calmdamente hasta mi cuarto. Él me siguió y repitió "¿Por qué?"
Yo me senté en mi cama y le dije: "¿Sabes lo que se siente ser gordo?"
"No parece ser tan malo" respondió, y para mi eso fue lo más descarado que me ha podido decir alguien en mi vida.
"¿No es tan malo?" repliqué con enojo "¡¿No tan malo?! ¡Tú no tienes idea!" le grité aprovchando que estabamos solos en la casa "¡no tienes idea de lo que es entrar en una tienda de ropa, entrar en los probadores y escuchar a alguien en algun lugar diciendo 'No, ese te queda muy grande, te buscaré una talla menor' y pensar que tu no entras en nada!"
"Pero..." intentó contestar él, pero yo continué hablando.
"¡O el temor de que tu novio o tus amigas rodeen tu cintura para abrazarte o algo, porque tocarían toda la grasa que acumulas allí! Ser gordo afecta todos, absolutamente todos los puntos de tu vida ¡Y ni hablar de lo asquerosa que te ves comiendo! ¡Te ves grotesca!"
"Además" continué bajando la voz "Te sientes la peor escoria del mundo, que no vales nada y que los demás son unos mentirosos y se burlan de ti a tus espaldas por tu... peso" terminé en un susurro "Piensa en todas las veces que te debes quedar en casa por sentirte gorda, en que tus amigas se prestan sus blusas y jeans más hermosos y a ti no te entra ni una pierna" dije recordando todos esos dolorosos momentos "y... si fueras hiper-delgada y pelearas con alguien por el físico, podrías decirle que te tiene envidia. Pero, si eres gordo, no tienes con qué responder, porque... nadie quiere ser gordo. Nadie tiene envidia de esta desgracia"
Mi hermano no dijo nada. Él siempre fue hiper delgado, su metabolismo es maravilloso. Nunca tuvo que preocuparse por su peso.
Bajó lentamente la mirada y me acercó a él para darme un abrazo. Sus brazos me rodearon completamente, alcanzando él a tocar sus codos con las manos contrarias.
Me sentí plena.
Luego susurró a mi oido: "Le diré a mamá"
Y así terminé aquí, en un centro de imperfección, donde quieren alejarte de las princesas. Pero nunca hay que desfallecer niñas.
Ana y Mía se incrustaron muy dentro de mi y nunca saldrán. Ahora ellas... controla mi vida.

Princess Kenny